Cada posible inversión se somete a un riguroso filtro cuantitativo de varias fases antes de que el capital de la empresa se invierta oficialmente. El proceso de evaluación se basa en cuatro pilares fundamentales.
Se da prioridad a la liquidez para garantizar una entrada y salida eficientes. Se establece un perfil de volatilidad para evaluar el potencial ajustado al riesgo.
La alineación estructural confirma que el activo se ajusta a los objetivos a largo plazo del fondo.
Por último, se persiguen rendimientos ajustados al riesgo dando prioridad a las señales de alta fiabilidad y respaldadas por datos, frente a las narrativas especulativas del mercado.